Ciencias exactas: qué son y para qué sirven las ciencias puras

Si oyes las palabras ciencias exactas, tal vez te vengan a la mente un montón de fórmulas matemáticas, problemas difíciles de resolver o incluso una pizarra llena de número que no entiendes. Pero, ¿qué son realmente las ciencias puras? ¿Para qué sirve estudiar una ciencia exacta? Te contamos todo lo que necesitas saber.

Qué son las ciencias exactas

Las ciencias exactas son aquellas que producen conocimiento por medio de métodos de observación y experimentación. Dicha investigación es de carácter ordenado y riguroso. Esta rama del conocimiento también es conocida como ciencias puras, ciencias duras o ciencias fundamentales. Para estudiar la realidad, suelen seguir modelos teóricos flexibles y en constante mejora. Esto lo hacen con el propósito de obtener resultados que se puedan medir. También se caracteriza este estudio por  seguir reglas que puedan garantizar la objetividad durante los procesos de investigación.

Tal como lo indica su nombre, una ciencia exacta busca resultados precisos. Las conclusiones a las que se llegue tienen que poder ser validadas en la realidad física. También debe ser posible ordenarlas a partir del lenguaje de las matemáticas. En general, las ciencias exactas proponen el empleo de métodos que hagan irrefutables tanto el carácter imparcial de los estudios como los resultados alcanzados. Asimismo, los científicos recurren a una metodología que impide que intervengan sus propias ideas personales. Hacer esto les permite realizar predicciones que luego, en la práctica, serán invalidadas o convalidadas.

En otras palabras, las ciencias duras solo admiten hechos y principios que sean susceptibles de demostración. Esto puede lograrse a través de sistemas y modelos matemáticos aplicados en los procesos de experimentación. Esta cualidad las distingue de las ciencias llamadas blandas, conocidas también como ciencias humanas o sociales. Estas últimas utilizan métodos de estudio cualitativos, y sus ejes de estudio se basan en teorías y conjeturas con mayor o menor autoridad, aunque generalmente aceptadas para llevar adelante las investigaciones. A diferencia de las “disciplinas puras”, sus resultados están marcados por la incertidumbre y la imprecisión.

El origen de las ciencias puras

A pesar de lo que pueda parecernos, el enunciado “ciencia exacta” es una expresión que se deriva de una clasificación de las ciencias realizada a principios del siglo XX. Esta clasificación todavía es válida en los entornos académicos. De hecho, el diccionario de la Real Academia la iguala a las matemáticas. Cabe destacar, que desde el origen y desarrollo de los nuevos paradigmas científicos, algunos pensadores piensan que esto ha cambiado. Por ejemplo, defienden la opinión según la cual las llamadas ciencias puras o exactas han dejado de responder a aquello que las definió desde su nacimiento: su capacidad de brindar resultados exactos, libres de incertidumbre.

Asimismo, es posible distinguir entre las disciplinas que proponen dos tipos de exactitud: las experimentales y las no experimentales. Las primeras, son aquellas capaces de demostrar sus hipótesis en el proceso de experimentación. Por otro lado, las segundas se enfocan en objetos ideales. Los científicos de esta área utilizan axiomas (proposiciones que no necesitan ser demostradas) para impulsar deducciones lógicas. Estas conclusiones no necesariamente están sustentadas en la realidad concreta. Así, estas disciplinas pueden desarrollarse a partir de procesos lógicos de deducción (ir de lo general a lo particular) que utilizan enunciados basados en axiomas.

Qué son las ciencias exactas

Breve historia de las ciencias exactas

El recorrido del conocimiento hasta la exactitud que postulan las ciencias duras fue largo y complejo. Antes de que el científico Isaac Newton publicara su obra Philosophiae Naturalis Principia Mathematica, las ciencias eran un conjunto de disciplinas que se confundían con las artes. Así, durante la edad media este conocimiento se agrupó en las llamadas “siete artes liberales”. Entre ellas se podían encontrar dos grupos: el Trivium o artes de la elocuencia: dialéctica, retórica y gramática; y el Quadrivium integrado por música, geografía, aritmética y astronomía.

Como puedes ver, son estas últimas las que dieron lugar a la expresión “ciencias puras”, dado que se consideraba que el objeto de estudio de cada una de ellas estaba en estado puro. De esta manera, la aritmética estudiaba los números en estado de pureza, y así en los demás casos.

La influencia griega en las ciencias exactas

No obstante, la Grecia clásica había sentado un importante precedente en materia de lógica y números. Por ejemplo, el filósofo Aristóteles,  codificó y ordenó los pasos que sigue el razonamiento cuando se trata de hacer una demostración. Hoy en día podemos encontrar esta información en el Órganon, que es una compilación de sus obras sobre la lógica. Asimismo, la matemática, como ciencia pura, también tiene importantes antecedentes en las diversas escuelas griegas como la ateniense, la jonia o la pitagórica. En tal sentido, uno de los avances más significativos en materia de lógica se le debió a Euclides.  Este matemático griego logró integrar todos los teoremas existentes en un solo diagrama a partir de cinco axiomas.

Con la llegada de la edad media, a partir del siglo VI, los estudios superiores empezaron a regirse bajo el mencionado Trivium y Quadrivium. Esto ocurrió hasta la llegada de la época renacentista. A partir de ésta, pensadores como Bacon, Galileo y más adelante Descartes sientan las bases del actual método científico. Posteriormente, fue consolidado por Newton y sus Principios Matemáticos de Filosofía Natural, obra que marcó un hito en la historia de la ciencia.

Las ciencias puras en la época moderna

Ya en el siglo XX, los conocidos hombres de ciencia Alfred North Whitehead y Bertrand Russell publicaron tres obras que emulaban el nombre del libro de Newton (Principia Mathematica). Esto ocurrió a partir de 1910 y representaba un esfuerzo similar al hecho por Euclides en su época. ¿Por qué podemos decir esto? Porque fue un intento de compilar todo el saber matemático de la época a partir de una serie de axiomas. A partir del estudio de la obra de Whitehead y Russell, el filósofo de origen alemán Rudolf Carnap planteó una nueva clasificación. Esta clasificación de las ciencias es la que aún hoy utilizamos: ciencias formales no experimentales, naturales y sociales.

Los profesionales de las ciencias exactas

Entre las disciplinas denominadas puras o exactas se encuentra la matemática, física, química, biología, geología, bioquímica, computación, farmacología, oceanografía o medicina. Cada una de ellas tiene a su vez diversas ramas o aplicaciones. De todas estas, las matemáticas se consideran una referencia entre las ciencias formales. Esto se debe a que otras disciplinas como la física recurren a ella para sustentar sus propias investigaciones.

De esta manera, los profesionales de las disciplinas puras se encargan de planificar, coordinar y dirigir investigaciones y actividades. Desarrollan estas actividades en los mencionados campos de la física y la matemática, ciencias biológicas, investigación y estadística, desarrollo de plantas químicas, preparación de informes financieros, asistencias en multitud de proyectos relacionados con la producción o el medio ambiente, entre otros. Como puedes ver, son muchas las materias que abarcan.

En conclusión, las denominadas ciencias puras ofrecen diversidad de oficios. ¿Conoces otros? ¿Sabes de otras aplicaciónes de las ciencias exactas? ¡Pues esperamos tu comentario!

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